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Todas las personas vivimos pérdidas a lo largo de nuestra vida.

  • Algunas de estas pérdidas están vinculadas al ciclo vital, siendo naturales en la vida de cualquiera, como las marcadas por el desarrollo evolutivo. En este sentido, la adolescencia supone una pérdida de la infancia con los beneficios que aquella tenía, la madurez va acompañada de una pérdida de la adolescencia y juventud –pueden aparecer, por ejemplo, limitaciones físicas con las que antes no contábamos-, y en la vejez nos despedimos de capacidades, vivencias etc que teníamos en etapas anteriores.
  • Otras pérdidas se refieren a seres queridos que estaban y dejan de estar en nuestra vida (muertes, separaciones).
  • En otros casos, la pérdida tiene que ver con cuestiones internas, como la pérdida de un órgano (pérdidas físicas como las originadas por enfermedad o por una intervención quirúrgica), o la renuncia a partes internas que nos dañan y queremos dejar atrás, pérdida de una ilusiones o proyectos, etc.
  • También elaboramos duelos por otras pérdidas personales como un proceso migratorio, la pérdida del trabajo o la vivienda, situaciones vividas como fracaso, etc.

El duelo es un proceso que va acompañado de síntomas a nivel cognitivo, emocional y comportamental:

  • Cognitivo: pensamientos negativos referentes a uno mismo, a los otros o al mundo en general, pensamientos de infravaloración, desesperanza, etc.
  • Emocional: sentimientos de tristeza, rabia ante la pérdida, dolor, miedo al futuro (nos preguntamos “¿qué será de mí a partir de ahora sin aquello que estaba en mi vida y ahora no está?”).
  • Comportamental: aparecen comportamientos que antes no estaban, como realizar rituales para recordar a la persona querida, síntomas que indican un desequilibrio interno como insomnio, alteraciones en la alimentación (comer mucho o dejar de comer, etc).

El afrontamiento de las pérdidas va acompañado de una mayor madurez y apertura hacia lo nuevo (entrada de nuevas personas, vivencias etc); sin embargo, es necesario atravesar un proceso para que este ciclo de cierre-apertura se produzca de una forma sana y positiva.

A través de la Psicoterapia ayudamos a las personas a elaborar y realizar el proceso del duelo con un acompañamiento, traspasando posibles bloqueos y agilizando el tiempo necesario para que se produzca de manera natural.

El proceso de duelo tiene como objetivo la elaboración de la pérdida, la resolución de la relación trabajando en los aspectos pendientes de la misma a través de la expresión de emociones reprimidas, y finalmente la despedida para siempre desde el corazón y la renuncia a todo lo que significaba y que se terminó.

Cuando el duelo está resuelto, nos sentimos liberados y disponibles para elegir dónde poner la nueva energía que emerge tras el proceso.